Las fiestas populares son espacios de encuentro, celebración y memoria colectiva. En ellas se mezclan tradición, identidad y diversión, pero también reflejan la sociedad de cada época.
Por esto, igual que nuestra ciudad y nuestra forma de vivir evoluciona, también lo deben hacer las fiestas. Hoy, en pleno siglo XXI, nos preguntamos si tiene sentido que los personajes representativos de las distintas fiestas, incluida como no puede ser de otra forma nuestro Carnaval, sigan estando ligados a un género concreto cuando la sociedad ya es mucho más diversa y plural.
Personajes y géneros
Eliminar o flexibilizar los géneros en las figuras representativas no significa borrar la tradición, sino actualizarla para que nadie se sienta fuera de ella. Durante años, muchos roles festivos han estado asignados exclusivamente a hombres o a mujeres, como si la participación estuviera condicionada por el género y no por la ilusión, el compromiso o el amor por la fiesta.
Sin embargo, cada vez más colectivos y asociaciones defienden que cualquier persona pueda encarnar estos personajes sin barreras: ¿podría encarnar un hombre a Doña Cuaresma o una mujer ser la representación del Carnaval en la piel de Don Carnal?
Esto cobra especial importancia en celebraciones tan emblemáticas como en nuestro Carnaval, uno de los más conocidos y referente del país. Sus personajes y símbolos forman parte del orgullo local y atraen a miles de visitantes cada año. Pero precisamente por esa relevancia, también es un escenario ideal para seguir avanzando hacia una fiesta más inclusiva, en la que todas las personas puedan verse reflejadas.
Cuando hablamos de eliminar géneros en los personajes carnavaleros, no hablamos de perder identidad, sino de ampliarla. Permitir que cualquier persona pueda representar a una figura tradicional rompe estereotipos y manda un mensaje claro: la fiesta pertenece a todo el mundo. Nadie debería sentir que su identidad limita su participación en algo que es patrimonio común. Una Musa del Carnaval sin género, una inspiración.
Además, el carnaval siempre ha sido un espacio de libertad, sátira y ruptura de normas. Durante esos días, las máscaras permiten jugar con identidades, exagerar roles y cuestionar lo establecido. Por eso, apostar por personajes sin género fijo encaja perfectamente con el espíritu carnavalesco: abrir espacios donde la imaginación y la diversidad tengan cabida sin prejuicios.
También es importante pensar en las nuevas generaciones. Niños, niñas y niñes que participan o sueñan con hacerlo deben crecer sabiendo que pueden ocupar cualquier papel, sin sentirse condicionados por etiquetas. Cuando las fiestas se adaptan, transmiten valores de respeto y convivencia que van mucho más allá del propio evento.
La inclusión que suma
Un carnaval que abre sus personajes a todas las identidades gana en riqueza, creatividad y participación. Además, permite que más personas se impliquen en la organización y en la vida festiva del municipio, fortaleciendo el tejido social y asociativo.
Desde Águilas Diversa, y trabajando por la diversidad, se insiste en que estos cambios no pretenden imponer nada, sino abrir posibilidades. Se trata de escuchar a quienes durante mucho tiempo no se han sentido representados y de construir unas fiestas donde cada persona pueda celebrar siendo quien es, sin esconderse ni justificarse.
Al final, las tradiciones sobreviven porque saben adaptarse. El Carnaval de Águilas ha evolucionado a lo largo del tiempo y seguirá haciéndolo, porque su esencia es la alegría compartida, y porque su espíritu reside en los aguileños y aguileñas que durante tanto tiempo han demostrado estar en la vanguardia de la aceptación y reivindicación. Dar pasos hacia personajes sin género fijo es una forma de garantizar que la fiesta siga siendo un espacio de libertad y encuentro para todas las personas.
Construir celebraciones más inclusivas es responsabilidad de todos. Si queremos fiestas vivas, participativas y orgullosas de su diversidad, debemos abrir la puerta a que cualquier persona pueda sentirse parte de ellas. Porque cuando nadie queda fuera, la fiesta es, sin duda, mucho más grande.
¡Viva Águilas y su Carnaval!